Autoexigencia: ¿en qué se parece a una diana?
Hay una sensación que escucho muchísimo en consulta y que seguramente también te suena: la de no ser suficiente. Hagas lo que hagas, siempre podría estar un poco mejor. Siempre falta algo. Siempre hay un detalle que se te escapa y que, curiosamente, pesa más que todo lo que sí ha salido bien.
Detrás de esa sensación suele estar la autoexigencia. Y para explicarla, hay una metáfora que uso a menudo con las personas que acompaño en terapia: la metáfora de la diana.
Si alguna vez has pensado «soy muy autoexigente», si te cuesta dar algo por terminado o si a veces ni siquiera empiezas por miedo a que no salga perfecto, quédate, que esto va contigo.
¿Qué tiene que ver la autoexigencia con una diana?
Piensa en una diana real. Tiene un centro, sí. Pero también tiene varios anillos alrededor, y dar en cualquiera de ellos también cuenta como acierto.
Sin embargo, cuando la autoexigencia aprieta, nos obsesionamos con dar en el centro. Todo lo demás desaparece de nuestra vista. Ya no vemos la diana completa, solo ese punto pequeñito en mitad de todo, y ponemos ahí toda nuestra energía, toda nuestra atención y, muchas veces, nuestro propio valor.
Es como si se nos olvidara que la diana es mucho más grande que su centro.
Tu parte exigente solo mira el centro
Todxs tenemos una parte exigente. Y esa parte, cuando toma demasiado protagonismo, solo mira una cosa: el centro de la diana.
Como si fuese el único punto válido. Como si todo lo demás no contara.
En el día a día se nota en cosas como estas:
- Terminas un trabajo que ha salido bien, pero solo puedes ver el detalle que podría haber sido mejor.
- Alguien te dice que algo te ha quedado genial y tu cabeza responde enseguida con un «sí, pero…».
- Haces todo lo que puedes en un día complicado y te vas a dormir con la sensación de que no ha sido suficiente.
- Te comparas con lo que «deberías» haber hecho, en lugar de mirar lo que realmente has hecho.
Y así, poco a poco, la sensación de no ser suficiente se va instalando. No porque lo que haces no valga, sino porque solo le das valor a una parte muy pequeña de la diana.
Los anillos: ese margen de error que no nos permitimos
Pero la diana no es solo el centro.
Cada anillo de alrededor es ese margen de «error» que casi nunca nos permitimos. Y, sinceramente, ni siquiera lo llamaría error: dar ahí también es acertar.
Cuando la autoexigencia es excesiva, ese margen deja de existir en nuestra cabeza. Y entonces todo lo que no es perfecto se vive como un fallo. Un «bastante bien» se convierte en un «podría haberlo hecho mejor». Un paso pequeño no cuenta porque no es el paso que esperabas dar.
Permitirte ese margen no significa conformarte ni dejar de cuidar lo que haces. Significa reconocer que acertar es mucho más amplio de lo que tu parte exigente te hace creer.
¿Entonces la autoexigencia es mala?
No, y esto es importante. Cierta exigencia nos ayuda a apuntar bien. Nos ayuda a ser coherentes con lo que queremos, a cuidar las cosas que nos importan y a seguir creciendo.
El problema no es apuntar al centro. El problema es creer que solo vale el centro.
Porque no podemos dar siempre en el centro. Nadie puede. De hecho, imagina que el margen desapareciera y solo quedara el centro: sería casi imposible acertar.
La parálisis: la otra cara de la exigencia
Querer dar siempre en el centro no te asegura hacerlo mejor. De hecho, es más probable que te bloquees y ni lo intentes.
Esa tarea que pospones una y otra vez. Ese mensaje que no envías porque todavía no está perfecto. Ese proyecto que nunca empiezas porque nunca parece el momento adecuado. Muchas veces, detrás de lo que llamamos pereza o procrastinación, hay una parte exigente que nos susurra: «si no va a salir perfecto, mejor no lo hagas».
La parálisis es la otra cara de la exigencia.
El coste de vivir mirando solo el centro
Vivir con la mirada siempre puesta en el centro tiene un coste. Y no solo en el cuerpo, también en la mente.
En la mente aparece en forma de pensamientos que no paran: repasar una y otra vez lo que hiciste, anticipar todo lo que podría salir mal o criticarte con una dureza con la que nunca le hablarías a nadie más. También en esa dificultad para disfrutar de lo que consigues, porque tu cabeza ya está en el siguiente objetivo.
Y en el cuerpo se nota en esa tensión que no se va, en el cansancio acumulado o en la dificultad para descansar de verdad. Por eso autoexigencia y ansiedad suelen ir de la mano: cuando sientes que nunca es suficiente, es muy difícil bajar la guardia. Si te sientes identificadx con esto, quizás te ayude leer Tengo mucha ansiedad, ¿qué hago?
¿Y si a veces no das ni en la diana?
Para mí, la diana simboliza lo que es coherente para nosotrxs: lo que queremos, lo que nos importa, hacia dónde queremos ir.
Cierta exigencia nos ayuda a dar dentro de ella. Pero tampoco pasa nada si a veces no damos ni en la diana. Hay días, etapas y situaciones en las que no llegamos, en las que el contexto aprieta o en las que no tenemos la energía ni los recursos que nos gustaría. Y eso no te hace menos válidx.
No olvides que lo hacemos lo mejor que podemos con lo que tenemos.
¿Cómo empezar a trabajar la autoexigencia?
Te dejo unas preguntas, de las mías, para que le des una vueltecilla:
- Cuando terminas algo, ¿en qué te fijas primero: en lo que ha salido bien o en lo que ha fallado?
- En eso que te está costando ahora, ¿qué sería para ti «dar dentro de la diana», aunque no sea en el centro?
- Si una amiga diera en el segundo anillo, ¿qué le dirías? ¿Y por qué a ti te hablas de otra manera?
La autoexigencia no aparece de la nada. Suele tener una historia detrás: entornos donde nada parecía suficiente, lugares donde fallar no era una opción o la necesidad de demostrar tu valor todo el rato.
Trabajar la autoexigencia en terapia
Trabajar la autoexigencia en terapia no consiste en dejar de apuntar ni en que todo te dé igual. Consiste en entender de dónde viene esa mirada que solo ve el centro, en darle espacio a tu parte exigente sin dejar que decida por ti y en ir construyendo, poco a poco, una relación más amable contigo mismx.
Si sientes que tu parte exigente ocupa demasiado espacio en tu vida, en el Centro de Psicología Psicopaye, en Granada y online, podemos acompañarte. Escríbenos por WhatsApp y te contamos cómo trabajamos.
Porque la diana es mucho más que su centro. Y tú también eres mucho más que tus aciertos.
Te puede interesar también:
